Testeos, ecoaventura y pura yeta

La inspiración para escribir en un blog debe partir de lo experiencial, de lo que se encontró de primera fuente. Hoy al menos ese es el principio que me mueve a hacerlo. Esta es la crónica de un día que se planeó como ordinario (dentro de todo) pero la vida quiso algo diferente.

Checklist para Jueves 10 de diciembre

  • Ir a la sucursal de la empresa esta para abonar la deuda total por un producto, con un bono a favor por pago adelantado.
  • Luego a la sucursal ahí cerca del banco este para abonar totalmente otra deuda, habiendo confirmado ambos beneficios por teléfono el día anterior.
  • De ahí a la facu a liquidar más cuentas (sin bonos pero sin multas tampoco) y adquirir cierto material de interés.
  • Por último a la peluquería porque ya está haciendo falta.
  • Tres o cuatro cosas más en mi casa.

Me había preparado bien. Tenía ropa más cómoda de la usual (aunque me restaba algo de presencia). Quizás eso es lo primero que salió mal. En cambio lo primero que salió bien fue separar algunas de mis tarjetas y carnets de la billetera antes de salir.

Aunque el día anterior probé mi monopatín eléctrico, no lo rompí, no me caí, no pasó nada, ya lo podía incorporar como opción de movilidad. La sucursal específica que me iba a dar el descuento estaba hacia el mercado de San Lorenzo, entonces opté por un bus y de paso verificar la transportabilidad a mano. Me tropecé con el primer asiento pero fue falta de cuidado, tuve mayor atención a la bajada.

Bueno, llegué a la casa de electrodomésticos, había una en ese exacto lugar pero… era de otra franquicia. Se mudaron. La primera tarea falló. Me va a tocar llamar de vuelta y verificar que el descuento se valide en una sucursal mucho más cercana. A tres cuadras estaba la sucursal del banco.

Usando el monopatín no hubo más inconvenientes que el estado de las calles en la zona. Tiene un elemento de novedad en nuestra fauna y flora urbana, incluso los camiones grandes muestran algo de tolerancia, cosa que jamás vi usando bicicletas. Y la gente en la vereda tiene algo de curiosidad por este tipo de alternativas. Ni en el banco ni en la sucursal errada no hubo problemas para ingresar con el scooter cerrado.

Sí hubo problemas con el otro beneficio prometido. La arpía de banco que me atendió, me lo negó. Hizo una llamada a su supervisor y en menos de un minuto, sin análisis de ningún tipo, se me negó el descuento prometido por teléfono. Se inventaron una excusa que mientras más lo pensé menos sentido tenía. Y yo que llevaba efectivo para realizar el pago. Salí algo sorprendido de ahí, pero la hora apuraba, todavía podía salvar algo al menos. Ya ajustaremos las cuentas. La segunda tarea también falló.

EcoAventura Incidental

Recorrer la ciclovía como nexo entre el mercado y el campus es siempre un gusto. Me tomó con algo de sorpresa los herrajes, soldaduras, alambres y otros que colocaron en una de las entradas al área. Pero logré encontrar un lugar donde saltar la valla, sí, con el monopatín de 13 kilos sobre mi cabeza. Lo que la edad me está restando en agilidad o flexibilidad me está compensando con algo de fuerza. No había razón para creer que hubiera algo raro con esa medida, cosas aleatorias y caprichosas se ven todos los días.

Sí se me hizo extraño cuando sellaron mi acceso favorito al campus. Yo le digo el Portal de Powerade por ese obsceno despliegue de marketing de mal gusto que adorna justo la entrada que da a la Universidad. Hablo de la entrada que conecta la ciclovía con áreas de la Facultad de Ciencias Agrarias o Agro. A mi conocimiento no hay otros accesos oficiales.

Como me quedaba media hora antes del cierre del área administrativa, bueno, encontré otro camino por decirlo así. Rejas caídas, vallas abiertas y cosas parecidas nos dan varias entradas no oficiales a la universidad, disponibles en todo su perímetro. Típicamente uso las que me evitan caminar bajo el sol y el asfalto cuando voy o vengo del Shopping Pinedo, pero encontré una en la ciclovía también.

¿Qué podría salir mal?

El tiempo corre y tenía que tomar un atajo, y así lo hice. Crucé un arroyito poco profundo, pero del otro lado el terreno era extremadamente fangoso, y más de una vez me hundí hasta por arriba de las rodillas, sí, llevando mi nuevo medio de transporte sobre mi cabeza nuevamente. En la última de esas ambas zapatillas se me quedaron en lo más hondo. No las iba a sacar con el brazo porque lo más probable era que cayera completito.

Hasta este punto la deuda de la empresa no se pagó, la deuda del banco no se pagó, si la perceptoría cerraba entonces el fracaso iba a ser rotundo. Me fui a San Lorenzo por nada hubiera sido el título de esta entrada. Para ganar en ese horrible día al menos debía resolver los asuntos de la facu. Por eso decidí cortar con la incursión al pantano y retroceder.

Si de short ya era tan impresentable que el banco se sintió con derecho a negarme cosas, ahora sin zapatillas y con restos de barro y plantas en las piernas así hecho todo un Pombero mi código de vestir cayó bajo 0. Algún guardia o policía inoportuno podría creer que tiene licencia para meterse conmigo. Porque como te ven te tratan.

Con 15 minutos antes del cierre, aposté a la velocidad del monopatín mientras buscaba la única entrada y salida habilitada de todo el parque. Entré por el acceso a Ciencias Económicas y llegué con dos minutos de retraso pero todavía abierto.

Era mi entrada favorita. Hasta le había hecho una reinterpretación años atrás.

No puedo considerar como un error haber probado esa vía. Hay cosas con las que uno no se puede quedar con la duda. Ahora, pagar con tarjeta habiendo llevado efectivo, ese sí fue el segundo error del día.

La cerecita del pastel

Aparte de abonar aranceles, que espero sean los últimos (así sea por la implementación de la ley el año que viene o mejor aún, egreso) conseguí el libro Trascender: 100 Primeros Egresados – Diseño Industrial FADA UNA, que me va a dar cierta perspectiva con respecto a un proyecto de reforma aún en pañales. El material consiste en una recopilación de fichas detallando aspectos puntuales de cada trabajo final de grado del 2011 a parte del 2019 y dentro de todo es un compilado interesante.

Fui a descansar a la zona de banquitos debajo de la rampa, camino a los talleres, y ahí recordé que podía recuperar mi ciudadanía con unas zapatillas que tenía en mi casillero. No es que tenga un cambio de ropa en mi casillero (aunque considerando todo lo de ese día mal no suena) sino que esas zapatillas eran un producto de una de mis clases, Patrones Ornamentales. Ese semestre la profe tuvo muchas ideas para aplicar los mencionados patrones: remeras, tazas, cerámica (la clase más sorprendente), almohadas y zapatillas. Algunas de estas cosas quedaron en el casillero, estamos hablando desde fines del 2018 según recuerdo.

Me encontré con dos compañeros tesistas y charlamos un rato. El tiempo pasó volando y ya se acercaba la cita con el peluquero, entonces cuando fui a la parada… no tenía mi billetera, se me cayó en algún lugar. Retrocedí, revisé 3 veces cada lugar donde estuve, el guardia me ayudó a revisar en la parte que ya estaba cerrada, a buscar el contacto de su encargada, en fin, ni hubo caso.

Tuve que postergar la cita con el peluquero y bueno si uno tiene limones hay que hacer limonada, se fueron el efectivo y la tarjeta del bus pero mi juguete nuevo todavía tenía 70% de su batería. Hice los 12km de vuelta a mi casa en el monopatín. Aunque hay muchas quejas sobre la resistencia de sus llantas, ambas sobrevivieron ese camino de asfaltado destruido, desagües y arena que tomé para evitar el Sol que cae en las avenidas.

Perder la billetera causa malestar en más de un sentido. Estamos terminando el año y las oficinas de lo que sea tienen filas de 3 cuadras para poder tramitar. La semana que viene no va a ser divertida.


Elijo violencia

El día siguiente, el viernes cuando me recuperé del Sol y el cansancio, me seguía resonando la excusa de cuarta de la arpía de banco. La fatiga de ayer era hoy rabia. Y como no es sano absorber mucho de eso, lo correcto es que una parte se la lleven ellos, que no se me quede todo a mí. Que les haga pagar por el mal rato. Además, al perder el dinero que preparé exclusivamente para saldar esa cuenta, para mí conseguir el bono prometido era ahora incluso más importante que en la jornada anterior.

Te debo DOLOR!

Llamé a quejarme, hicieron contacto con esa sucursal y se volvieron a inventar una segunda excusa más estúpida que la anterior. Por menos que esto he llegado a poner patas para arriba a la administración de mi facultad, más de una vez.

Me puse a flamear las redes del banco hasta que se comunicaron ellos. Les expuse el caso y mientras verificaban los datos les bombardeaba con cosas como si no pueden darme esta ventaja, entonces voy a buscar un banco igual de rígido pero un poco más competitivo, o el banco X está ofreciendo esta tasa de interés y no me arma estos circos e incluso no creo que este banco y yo tengamos un futuro juntos y un par de cosas más hasta que tuve la rectificación de este asunto. Para cerrar el hilo traté de desagradable y mentiroso al personal que tienen en las sucursales.

El gran problema acá es que negarme un beneficio usando mentiras fue la gota que colmó el vaso con ellos. El día que quiera comprar una camioneta o una casa, con este tipo de gente atendiendo probablemente termine pagando el triple de su valor, con intereses. Hace un tiempo vengo desarrollando toda una red de créditos y otros movimientos para mejorar en lo posible la tasa de interés, los plazos y los montos límite, para que cuando pueda hacer ese tipo de compras encuentre las menores dificultades y los mayores beneficios posibles. Si me lo niegan ahora con algo chico, ¿qué garantía tengo de que se comporten mejor cuando esté buscando algo más grande?

Se les ha puesto a prueba y fallaron. Los siguientes tratos con ellos se van a hacer pisando fuerte. Para octubre del año que viene podría explicar en mayor detalle mi experimento con las instituciones financieras, recién ahí podría evaluar resultados parciales de los últimos cuatro años.

El corte pasó para el sábado :3

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